 |
La elección de los
cambios
Cuando
decimos que una bicicleta tiene 18, 21 o 24 velocidades nos
referimos a las combinaciones plato-piñón que teóricamente
podrían darse, pero hay algunas de esas marchas que no deberíamos
utilizar nunca porque la cadena iría muy cruzada y sufriría
tensiones innecesarias. Análogamente a los coches o las motos,
las marchas de las bicicletas permiten multiplicar o desmultiplicar
la fuerza que aplicamos con las piernas sobre los pedales,
para llevar siempre un ritmo de pedaleo lo más constante posible.
Para llevar el ritmo óptimo será necesario, en función del
terreno, llevar la marcha que nos permita ir cómodos en el
pedaleo. Esto significa que no deberemos ir con una cadencia
demasiado elevada, porque apenas avanzaríamos y daríamos muchos
pedales, ni una cadencia lenta que nos haría forzar excesivamente
nuestros músculos, lo que pagaríamos al final de la salida.
La cadencia que hay que tratar de mantener rondaría las 120
pedaladas por minuto, lo que quiere decir que el pie dará
una vuelta completa cada segundo. Es importante practicar
este aspecto (con un cronómetro, por ejemplo) porque una cadencia
correcta en cualquier circunstancia permitirá recorrer mayores
distancias sin cansarnos, o llegar más relajados recorriendo
la misma distancia. Aunque no tiene mucho que ver con esta
sección, es importante llevar un buen ritmo de respiración,
inspirando por la nariz y expirando por la boca, lo cual también
favorecerá el mantener una cadencia de pedaleo con menos esfuerzo.
Cuando
tengamos subidas más o menos empinadas, será necesario engranar
con la suficiente antelación el plato pequeño y situar la
cadena, según la pendiente, en alguno de los cuatro o cinco
piñones más grandes (ver esquema adjunto), dependiendo de
la inclinación y dificultad del tramo que abordamos. Es
importante anticipar el cambio, porque no es bueno cambiar
en situaciones en las que la cadena está en máxima tensión,
cuando hacemos más fuerza pedaleando. De este modo alargaremos
la vida útil de la cadena y los cambios, y tendremos siempre
la marcha correcta. Al principio resulta dificil escoger
"a ojo" la marcha que necesitaremos, pero siempre es mejor
poner piñones grandes y luego reducir, que quedarnos cortos
y en pleno esfuerzo cambiar a un piñón más grande.
Con
el plato mediano iremos por tramos de subida ligera y llanos,
según la velocidad que queramos adoptar. Se podrían utilizar
todos los piñones, pero es conveniente evitar el más pequeño
y el más grande para no cruzar la cadena excesivamente.
Para tramos de bajada o en zonas en las que alcancemos altas
velocidades utilizaremos el plato grande con los cuatro
o cinco piñones más pequeños, siempre teniendo en cuenta
que la cadencia de pedaleo que debemos llevar es bastante
viva.
El
cambio de un plato a otro supone una diferencia notable
en los desarrollos, y aquí también deberemos prever si lo
que se avecina es una subida o una bajada. Suponiendo que
nos desplacemos en el plato mediano y se nos avecine una
pendiente progresivamente ascendente, iremos cambiando piñones
más grandes hasta llegar al penúltimo, donde realizaremos
un cambio "doble": bajamos al plato pequeño y bajamos dos
piñones más pequeños. Si lo hacemos a la vez casi no notaremos
diferencia de cadencia, y podremos afrontar la subida con
mejores garantías.
Del
mismo modo, si empezamos a descender y vamos bajando de
piñón hasta el penúltimo más pequeño podemos, a la vez,
subir al plato grande y subir dos piñones más grandes. Este
es un interesante ejercicio que no nos penalizará a la hora
de cambiar de platos. Evidentemenete, dependerá del número
de piñones y de los desarrollos que llevemos para que todo
siga igual, porque a veces en lugar de desplazar dos piñones,
tendremos que desplazar tres. Todo es cuestión de practicar.
|
 |