La Frenada
Los frenos son ese gran invento que nos permite no pegarnos
la castaña en ese momento crítico. La evolución que han seguido
estos artilugios ha sido enorme en los últimos años, desde esa doble
U de las BH plegables de hace 20 años, pasando por los cantilever, los
frenos V (el gran salto en calidad de frenada) y, últimamente los frenos
de disco.
Lo primero de todo antes de introducir los conceptos teórico-prácticos
de la frenada, hay algunos aspectos que es necesario tratar. En primer lugar,
para tener una buena frenada es necesario tener los frenos a punto. Obtener la
mejor frenada disponible no es una tarea difícil, pero requiere haberse
enfrentado a la mecánica de los frenos al menos una vez para encontrar
el tacto y potencia ideales. Para ello te recomendamos que te leas nuestro cursillo
de mecánica, en el que aprenderás cómo regular
unos frenos V (el apartado de discos está en camino). Aunque es probable
que cuando compras una bici el mecánico de la tienda habrá realizado
los ajustes pertinentes, siempre tendremos que "jugar" con dichos ajustes
para obtener la frenada óptima.
La Frenada Óptima
La configuración de Frenada Óptima varía sustancialmente
en función de los gustos y las bicicletas, pero es la que permite obtener
la máxima potencia de frenada con la mayor progresividad y el mínimo
esfuerzo para nuestros dedos. Estas tres variables, potencia, progresividad
y esfuerzo son las que nos deberán guiar a la hora de regular nuestros
frenos. La potencia es una variable importante, pero recuerda que "la potencia
sin control no sirve de nada", por ello es importante una buena progresividad
que nos permita bloquear la rueda sólo si nosotros queremos. Algunos preferirán
hacer algo más de esfuerzo con los dedos y tener un tacto más directo,
menos chicloso, otros sin embargo preferirán poder frenar con un solo dedo
"sintiendo" menos la frenada.
La distribución de la frenada
Os habéis preguntado por qué muchas motos de baja cilindrada sólo
llevan freno de disco delante (detrás llevan tambor) o las de gran cilindrada
tienen dos discos (uno a cada lado). Esto es porque cuando frenamos, la mayor
parte del peso (tu peso + el de la bici + la inercia de tu peso y el de la bici)
recaerá en la rueda delantera. Es por ello que tendremos que tener una
mayor potencia de frenada en la rueda delantera, y aplicar algo más de
presión en el freno delantero que en el trasero, aproximadamente en una
relación 60%-40%

Muchos de vosotros pensaréis que frenar con la rueda delantera es una locura,
ya que ello nos propulsará por encima del manillar y acabaremos de bruces
contra el suelo o que por el contrario nos derrapará la rueda delantera
y perderemos el control. Si hemos dicho que el peso de nuestro cuerpo será
uno de los factores que influyen en el tren delantero, bastará con que
retrasemos ligeramente el cuerpo para "aligerar" la rueda delantera
y que no nos vuelque la bicicleta. Por el contrario, si el terreno está
suelto y corremos peligro de un derrapaje tendremos que apoyarnos más en
la rueda delantera adelantando el cuerpo. Es exactamente igual que cuando subimos
por una cuesta muy empinada, tenemos que jugar con el peso del cuerpo para no
perder tracción, a la vez que debemos "aligerar" la rueda trasera
para subir más cómodos.
Ejercicio práctico
¿Todavía no te lo crees?. Prueba a hacer los siguiente. Para comprobar
la seguridad de usar el freno delantero, pedalea en línea recta a una cierta
velocidad (más de 20 km/h) por una zona asfaltada (a ser posible recientemente
asfaltada, ya que agarra más). Con una tiza pinta una raya blanca. En ese
punto aplica la proporción 60-40 hasta que te pares. Marca en el suelo
(con la ayuda de un colega) el resultado. Lo más probable es que te haya
derrapado la rueda trasera, dejandote allí mismo un par de centímetros
de goma. La rueda trasera no debe derrapar, por ello sólo hay que presionar
un 40%. Repite el ejercicio presionando más el freno delantero. Muy probablemente
notarás una tendencia a ir hacia delante, es por eso que tendrás
que retrasar el cuerpo ligeramente para compensar este efecto. Repite el ejercicio
tantas veces como quieras hasta que encuentres la distancia mínima de frenada
(probablemente será con el trasero detrás del sillín, con
la rueda delantera y trasera frenando al máximo).
Ahora a la inversa. Busca un terreno de arenilla suelta,
el clásico en el que las ruedas derrapan con facilidad. Haz una marca en
el suelo y prueba a frenar. Si aprietas mucho el freno delantero es posible que
te derrape la rueda delantera (no pasa nada, vas en línea recta), así
que tendrás que adelantar el cuerpo para poner más peso en esa rueda
(aún a costa de que la trasera se aligere y corras el riesgo de derrapar,
tendrás que frenar muy poco la trasera). Repite el proceso hasta que consigas
la distancia mínima de frenada. Muy probablemente te habrás dado
cuenta de que no es derrapando como se consigue frenar más. Más
adelante veremos cuándo derrapar y cuándo no hacerlo.
Por el momento hemos visto como frenar en línea recta
pero lo realmente difícil es controlar la frenada cuando vamos a abordar
una curva. Si hemos interiorizado correctamente la importancia del freno delantero
y del balanceo del peso del ciclista, abordaremos las curvas con mucha mayor seguridad.
En los siguientes capítulos veremos cómo tomar
las curvas correctamente.