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Pintar la Bici

Por Emilio Cano Díaz
      Seguro que a muchos se os ha ocurrido alguna vez la idea de pintar la bici, porque no os gusta el color que tiene, os habéis cansado de él o simplemente porque de tantos golpes y caídas la pintura se encuentra en un estado bastante lamentable. Pero claro, no se va coger uno la brocha de pintar techos y la pintura plástica y darle una manita...Así que vamos a intentar contar cómo hacerlo y que no quede una chapuza. Es más, que quede bien.

      La preparación
      Lo primero que tenemos que hacer con nuestra bici para pintarla es dejarla pelada. Es decir, desmontarla por completo. Y esto quiere decir todo, no dejar nada puesto en el cuadro. Si la horquilla también la queréis pintar os recomiendo también que la desmontéis y la pintéis por separado. Como mucho podremos dejar cosas como los frenos o el eje del pedalier, pero tendremos que taparlos cuidadosamente con cinta adhesiva de papel (de la que usan los pintores de casas). Es más engorroso, permite menos formas de sujetar luego el cuadro a la hora de pintar, y si los desmontamos de paso aprovechamos para darles una limpieza y engrasado (ver el cursillo de mecánica), que nunca vienen mal.
      Ya tenemos nuestro cuadro "pelado", y lo siguiente a hacer depende de como lo tengamos. Si el cuadro está sin pintura (por ejemplo, es de aluminio pulido), o si la pintura está intacta y sólo queremos cambiar el color, podemos pasar directamente a la limpieza. En este último caso, tampoco hay que darle imprimación, sólo pasarle una lija fina para que agarre la pintura. Si no, lo primero es eliminar toda la pintura que tenga. Para ello tenemos varios métodos. El que yo os recomiendo es usar un producto decapante de los que venden en cualquier droguería. Se llevan casi cualquier tipo de pintura. El único inconveniente es que hay que eliminarlos luego muy bien (con agua o disolventes, según las instrucciones del propio producto), y que como te toque en la piel pica como un demonio. Raspar es otro método, imprescindible si se resiste al decapante (sería rarísimo). Si vuestro cuadro es de aluminio tened cuidado con qué raspáis, porque podéis hacer unos arañazos que luego no haya manera de quitar. También podéis utilizar discos de lija o cepillos metálicos circulares puestos en la taladradora. Finalmente, hay pistolas de aire caliente para decapar, pero la mayoría no disponemos de ella. Si la usáis, mucho cuidado con cualquier parte de plástico que halláis dejado puesta o cerca, pues se os puede fundir.

      La limpieza
      Cuando ya tenemos el cuadro sin pintura, tenemos que limpiarlo concienzudamente. IMPORANTÍSIMO eliminar cualquier resto de oxido que haya, lijando o con un cepillo metálico. Ojo especialmente a las soldaduras, que son "escondites" perfectos para el oxido y la suciedad. Recomendamos que frotéis todo el cuadro con una lija fina o con lana de acero. Así eliminamos cualquier capa fina de oxido y dejamos una superficie algo rugosa donde agarra mejor la pintura. Si algún afortunado tiene un cuadro de fibra de carbono puede obviar todo lo anterior menos lo de la lija fina, y mucho cuidado con los decapantes o el calor, que pueden atacar a la resina.
      Ahora se trata de dejar perfectamente limpio el metal para aplicar la pintura. Si el cuadro es de acero (sea cual sea el tipo, desde el más vulgar acero al carbono al mejor Cromoly) no debemos limpiarlo con agua, pues crearía una pequeña capa de óxido. En este caso, lo mejor es quitarle el polvo con un trapo, y desengrasar bien todo con un trapo empapado en acetona. Dadle varias pasadas con acetona cambiando siempre la acetona y el trapo, para no dejar ningún resto. Si el cuadro es de aluminio podemos limpiar "lo gordo" con agua y jabón, aclarando bien, pero siempre conviene acabar con una pasadita de acetona.
      Desde este momento, el cuadro no se puede tocar, pues dejaríamos la grasa de los dedos. Para manejarlo, hacedlo con guantes o agarrando con un trapo. Aprovechad antes de la última limpieza para tapar con cinta o papeles todo lo que no queráis pintar, como cazoletas de la dirección o roscas. Tampoco conviene que pase demasiado tiempo desde que lo limpiáis hasta que pintáis, para que no se forme nada de óxido. Si tenéis que hacerlo, dejar el cuadro en el sitio más seco posible.
      La manera más cómoda para manejarlo será pasarle unos alambres o cuerdas finitas por el tubo del pedalier y el de la dirección para poder colgarlo y agarrarlo por ahí, sin tocar para nada el cuadro. Para pintarlo será imprescindible colgarlo.

      La imprimación
      La imprimación es una primera capa de pintura que se agarra bien al material a pintar y nos sirve de base para la pintura de acabado. Esta primera capa (o capas) es fundamental y de ella depende en gran medida el "éxito" de nuestra operación. Esta capa cumple varias funciones: es una capa que se adhiere bien a la base, y a la que se adhiere bien la pintura de acabado. Con ello aseguramos que la pintura no se levante, salte, ampolle, etc. Esto es especialmente importante si estamos pintando un plástico (no olvidemos que los cuadros de fibra de carbono son, al fin y al cabo, de plástico) o aluminio, que crea una capa de óxido que impide (además de que se oxide) que la pintura se agarre bien. Otra función que cumple es proporcionar una superficie más lisa y regular, tapando algunos arañazos o irregularidades del metal. Con ello el aspecto final de la pintura de acabado es mucho mejor. Finalmente, proporciona una base de color opaco y uniforme, para que la capa de acabado sea a su vez uniforme en color y brillo. Cuando se trata de cuadros de acero, cumple además una función primordial: es antioxidante. El famoso "minio" naranja que todos hemos usado alguna vez para pintar la barandilla de la terraza no es más que un tipo de imprimación. Estas capas antioxidantes impiden la formación de herrumbre en el hierro, que sólo con una pintura de acabado no podríamos impedir.
      Bueno, pues ya que sabemos para que sirve, llega la hora de utilizarla. Lo primero, es elegir el tipo, especial para cada material que queramos pintar. Para el acero se suele utilizar una pintura antioxidante de oxido de hierro, que tiene un color rojo granate. La podemos encontrar fácilmente, incluso en centros comerciales, pues se usa para todo. En tiendas de repuestos de coches también la tenemos, pues es la misma que se usa para los coches. En cualquier caso, si conocéis una buena tienda de pinturas será donde mejores cosas encontréis y más fácilmente, además del asesoramiento. Para los que viváis en Madrid, hay una muy buena que se llama Mavi, en la calle Luis Cabrera, esquina a Eugenio Salazar (no es por hacer publicidad, sino por facilitar el trabajo). Para el aluminio existen unas imprimaciones especiales. Lo mejor es seguir las instrucciones del fabricante, ya que pueden variar de unos a otros. Para el plástico también hay imprimaciones para que agarre la pintura, como las que se usan antes de pintar los parachoques de los coches. Si no dais imprimación en un plástico, en cuanto se seque la pintura empezará a saltar. Os recomiendo que compréis la imprimación en spray, pues a no ser que tengáis pistola de pintar es la única forma decente de aplicar la pintura de manera uniforme.
      Para darla colgad el cuadro, y aplicarla en un sitio seco y limpio de polvo. Aplicad varias capas finas. Para evitar que chorree os recomiendo que empecéis por las partes más recónditas, como en las uniones de los tubos, con capitas muy ligeras, y una vez que haya secado (tarda pocos minutos) aplicar la pintura en los tubos largos. Después de varias capas (con 3-5 suele quedar bien) tiene que quedar el cuadro con una capa uniforme y sin chorretones, que se notarían luego. Si no habéis podido evitar gotas, lijadlas (cuando estén bien secas) con una lija de agua del 600, y volved a dar un poco de imprimación encima.

      El acabado
      Esta es la parte que se va a ver, pero os aseguro que por muy bien que hagáis el acabado, no hay manera de dejarlo bien si no habéis seguido los pasos anteriores. El tipo de pintura es bastante libre, asegurándose siempre de la compatibilidad con la imprimación, pero los esmaltes acrílicos, como los que se usan para los coches quedan muy bien, con un buen brillo y resisten bastante. En esta parte es donde entra más la subjetividad. Podéis elegir pinturas brillantes o mates, o incluso con efectos extraños (dorados, metálicos, con reflejos...).
      La imprimación tiene que estar bien seca (depende del tipo, pero por lo general unas 24 horas). Aplicar el acabado es lo más difícil, porque aquí si que no podemos lijar, y cualquier mota de suciedad o chorretón se notará. Pero como ya tenéis experiencia de la imprimación, seguro que esto os sale mucho mejor. El polvo es un gran enemigo; si hay polvo se os pegará a la pintura mientras se seca. Aunque aparentemente no se vea, quita brillo y si es entre capa y capa puede producir sombras y "aguas" en la pintura, que no hay forma de quitar.
      Si en la imprimación era muy recomendable, aquí es imprescindible aplicar la pintura con pistola o con spray (que será lo que usemos la mayoría). Podemos comprar la pintura en spray directamente, pero hay sitios, como en la tienda que antes os dije, donde te fabrican el color exacto que tu quieras (puedes elegir en catálogos) y te lo meten luego en el bote de spray. Es muy cómodo y no sale demasiado caro. Agenciaros unas cuantas boquillas porque siempre se acaban obstruyendo. Además, dependiendo del tipo las hay que pulverizan más o menos, más abierto o más cerrado... O sea, haced pruebas y elegid.
      Y ahora viene lo más difícil: pintar. Como antes, el muy importante dar varias capas finas, empezando por las zonas más complicadas. Quedan mejor y no chorrean. Hay que agitar muy bien el bote, durante varios minutos. Si, si, es un rollo y se te cansa el brazo, pero nos estamos jugando el aspecto de nuestra máquina. Y antes de darle a la bici, pulverizamos un poco en un cartón o papel, para que luego el chorro sea uniforme. No paréis el chorro en un punto del cuadro. Si ha quedado con poco, dar más pasadas, pero siempre moviendo el spray. Puede ser necesario dar incluso 5 o más capas, para dejarlo uniforme. No lo intentéis hacer en una o dos sólo, porque chorreará la pintura. Esperad entre capa y capa a que se seque la anterior. Y un último consejo: pintad sin miedo. Si vais "acongojados" os quedará peor. Los habilidosos pueden incluso hacer degradados, o dibujos en distintos colores, enmascarando las zonas que no queremos pintar con cinta adhesiva. Esto ya queda al gusto y la habilidad del consumidor.
      Como toque final, si queremos que nos quede con mas brillo, existen productos especiales para pulir pinturas. Algunos incluso incorporan siliconas que aumentan la resistencia al agua y la intemperie. Si no queréis pulir, pero queréis proteger algo más, podéis darle un barniz de acabado como los que se dan en las pinturas metalizadas de los coches (por supuesto, también en spray). Ya solo queda poner pegatinas, quitar la cinta, montar la bici y a correr.
      Bueno, pues si habéis llegado hasta aquí siguiendo todo bien, y con un mínimo de maña, os habrá quedado el cuadro como nuevo (o mejor, a vuestro gusto). Sólo una advertencia IMPORTANTE: las pinturas llevan disolventes, en su mayoría muy tóxicos y muy inflamables. Cuando además, las estamos pulverizando, los riesgos se multiplican. Así que tened cuidado con chispas, llamas, etc., pintad en un lugar ventilado y poneros mascarilla, mejor de gases (de las de filtros) que de las de polvo (las de papel) que para disolventes poco hacen, aunque siempre es mejor que nada.

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