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JUNIO 2000
Crónica de Viaje
Anoche
mientras caminaba por las empedradas calles de La Antigua
el cielo descargo su furia sobre mi cabeza empapándome hasta
el alma. Pero hoy el día despertó radiante y despejado, permitiéndome
admirar la belleza de los tres volcanes que enmarcan este
entorno guatemalteco donde he residido los últimos dos meses.
Lentamente voy empacando mis cosas preparándome para una nueva
partida. A través de la ventana, junto a la brisa fresca,
se cuela el son de una popular canción. Sus alegres notas
me ayudan a superar esa extraña sensación de vacío que producen
las despedidas.
...La vida te
da sorpresas, sorpresas te da la vida...
Ruben Blades
con voz de borracho insiste en su sentencia y yo me dejo
llevar por el ritmo y grito que si, que la vida te da sorpresas,
buenas y malas, no importa porque eso es la sal, la salsa
de la existencia y que cuando uno viaja la vida es la sorpresa
misma porque es cualquier cosa menos rutina.
Fue a principios
de marzo cuando después de un largo periodo de inactividad
ciclista recupere a Platera y me dispuse a pedalear por
Costa Rica rumbo al norte. Nunca entendí bien que ocurrió-
Tal vez fue una venganza de Platera, enfadada por sus meses
de abandono mientras yo la traicionaba a lomos de la Yamaha
del flaco. Era el primer día que Platera y yo volvíamos
a rodar juntos. Un día soleado, sin viento, una carretera
bien asfaltada de pendientes descendientes pero sin curvas
pronunciadas. Recuerdo que distraídamente mire la cifra
marcada en el cuentakilómetros: 50km/h. Después nada, vacío.
Lo siguiente que recuerdo es la voz de un samaritano ayudándome
a levantarme del suelo mientas me limpiaba la sangre que
teñía mi rostro. Pa’ verse matao, gringo!.
Fuerte golpe
craneal con perdida de conocimiento. Diversos hematomas
en la cara y corte sangrante en la nariz. Brazo y pierna
izquierda despellejados por lija asfáltica.
Recogí mi fracturada moral esparcida por la cuneta entre
mis alforjas y Platera, que orgullosa apenas sufría desperfectos,
y me marche maltrecho y dolorido a Nicaragua.
En mitad de
un mar dulce, el lago de Nicaragua, recupere la salud pedaleando
a la sombra de los dos volcanes que forman la isla de Ometepe.
Sus arenosas rutas, sus viejos pescadores, sus omnipresentes
pájaros azules y sus extrañas playas de falsas olas sanaron
mis heridas y fortalecieron de nuevo mi espíritu viajero.
Granada, Managua,
León. Pedalee siguiendo la misma ruta que meses antes había
recorrido en motocicleta y volví a reencontrarme con la
agradable hospitalidad nicaragüense.
Los nicas, como se denominan a sí mismos, son afables y
divertidos. Fácil es que el viajero sea invitado en cualquier
bar a compartir una botella del excelente y barato ron nacional
Flor de Caña. Entre trago y trago, rodeado por las bellas
mujeres nicaragüenses y charlando con excombatientes, contras
y sandinistas mezclados, el viajero entenderá el milagro
de la reconciliación en un país que se recupera de su pasada
guerra y donde aun cualquiera guarda un fusil bajo la cama.
Atravesé Honduras
rápido, en buses y camiones, pues un grupo de amigos me
esperaban en Guatemala.
Un año antes en San Agustín, Colombia, había conocido a
unos locos viajeros con un sueño en común; hacer del teatro
y el espectaculo su medio de vida. Ahora, en La Antigua,
su proyecto cobraba forma, habían creado el grupo de teatro
callejero Voz Latina.
Junto Voz Latina
he trabajado y disfrutado estos dos últimos meses. El tiempo
ha transcurrido rápido entre malabares de fuego, sonrisas
infantiles, dragones y princesas, fiestas clandestinas en
la casa del mango, Tunqueques en el parque, noches en Dante’s
, desconciertos en Cadejos, besos en la montaña. Tomamos
el cielo por asalto ¿Verdad amigos?
Sorpresas te
da la vida
buenas y malas
como esa mañana que estúpidamente me fracture la mano derecha
obligándome a cargar con una molesta escayola durante un
mes.
O como hoy que así, de sorpresa, me voy de La Antigua en
busca de nuevos caminos, nuevos viajes, nuevas sorpresas.
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